Restory: hay un nuevo tecnico de electronicos en Akihabara

Restory: reparando electrónicos en los 2000s
Restory: Chill Electronics Repair es un videojuego «de trabajar», de esos que tanto vienen gustando en los últimos años. Fue publicado por tinyBuild (No Time to Explain, Hello Neighbor, Graveyard Keeper, entre otros) y desarrollado por Mandragora, un estudio con base en Armenia pero con trabajadores en varias partes del mundo. Como asiduo jugador de este tipo de títulos enfocados en tareas tranquilas, pausadas o relajantes, no pude evitar caer en esta propuesta donde prima la nostalgia. Lo que me encontré, para mi sorpresa, fue algo que va un poco más allá de ser solo un «juego de trabajar».
El juego se divide en dos pilares, siendo el primero y más obvio la reparación. En esta faceta comenzamos pudiendo solo limpiar y cambiar partes —previa obtención— para luego introducir la posibilidad de reparar componentes desoldados o modificar el aspecto del dispositivo mediante pintura o stickers. A través de los distintos encargos se nos irá especificando qué requiere el cliente, siendo la limpieza el único requisito fijo.
Los encargos surgen de tres vías: pedidos online, presenciales (que se relacionan con la historia) y la compra directa de productos. Podemos ignorar las solicitudes online sin ninguna penalización aparente (si la hay, es tan ínfima que no logré notarla en mis casi 10 horas de juego). Por otro lado, podemos comprar dispositivos —tanto a reparar como funcionales—, siendo esto último, por lejos, la mejor forma de ganar dinero: comprar gangas, restaurarlas y venderlas.
Pero ¿A qué me refiero con que va un poco más allá? Restory tiene trama. Y una bastante desarrollada para este género. Los clientes presenciales siempre hacen avanzar la historia, donde además debemos tomar decisiones al responder a sus preguntas. En base a esto, y en particular a ciertas elecciones hacia el final, la historia tomará distintos rumbos; porque sí, Restory tiene más de un final.
Aviso de spoiler: Si te interesa conocer la historia por tu cuenta, salta al siguiente apartado.
La historia de Restory comienza como una aparente trama de mafias para luego virar hacia una conspiración inmobiliaria de la cual, aparentemente, somos parte —según la información que nos da en la etapa final una sospechosa mujer que hace un guiño a Resident Evil—. Llegado el punto, podemos boicotear esta conspiración si elegimos ayudar a la población del barrio (Akihabara, a veces llamada Akira en los diálogos).
A mi parecer, esta arista es el punto más flojo de Restory: el tercer acto, donde comienza «la revelación» de que somos parte del problema, se siente apresurado, sin mucho contexto y desencajado del resto del relato. La conspiración inmobiliaria se plantea como la razón de todo, funcionando casi como un Deus ex machina para resolver las situaciones previas.
Fin del spoiler
La premisa base es la que sostiene todo: reparar objetos electrónicos, cambiar piezas, venderlos o devolverlos al cliente, y comprar mejor equipamiento que nos facilite limpiar objetos más caros y complejos (todos divertidos de manipular, salvo uno). Es tan sólida que Restory nos permite seguir jugando tras los créditos en el modo Sandbox, manteniendo la dinámica sin la presión de las misiones de historia. Esto hace que dos personas puedan encarar su partida de formas muy distintas: alguien puede ir directo a la historia e ir descubriendo aparatos a medida que el juego lo exige, mientras que otro puede dedicarse a comprar casi todas las licencias para desbloquear cada dispositivo disponible.
Los dispositivos son de lo más variados y no se limitan solo a consolas de videojuegos. Además, son muy fieles a sus contrapartes de la vida real, aunque no usen nombres oficiales por falta de licencias (a excepción de Atari, que sí está licenciada). Muchos de estos aparatos incluyen guiños a títulos anteriores del estudio, lo cual es un lindo detalle.
A la hora de reparar, el juego cumple con todo lo esperable en el género: sonidos satisfactorios al colocar o quitar piezas y tornillos, al limpiar la suciedad o al entregar un pedido. Todo esto viene acompañado por una banda sonora lo-fi que, si bien por ahora tiene poca variedad, espero que la gente de Mandragora amplíe con el tiempo ya que se torna un poco repetitiva y me he encontrado en más de una ocasión apagandola.
Restory falla en el tramo final de su historia, como ya mencioné, pero también trastabilla en ciertos momentos donde el tapete de reparación se torna incómodo por culpa de componentes demasiado grandes o numerosos. Intenta resolverlo con una mecánica que resalta la próxima pieza a colocar, pero no se toma el tiempo de enseñarla (hubiera sido más cómodo descubrirla antes de las 5 o 6 horas de juego). También tiene algún otro tropiezo menor —que alguien me explique para qué sirve el Zen—, aunque por suerte no arruina la experiencia al no ser mecánicas cruciales.
A grandes rasgos, Restory cumple con su premisa y la excede (si no hubiera tenido historia, a nadie le habría molestado). Todo esto lo logra presentando un estilo artístico muy vistoso: una mezcla de cell-shading para los entornos con dibujos estilo anime dosmilero para los personajes. Es un juego relajado, sin penalizaciones severas y con la satisfacción habitual de este género.
Sin embargo, una vez finalizada la trama —y habiendo reparado una cantidad considerable de cada dispositivo— no encuentro razones para continuar en el modo Sandbox. Solo me quedaría por probar un aparato enfocado en el endgame que exige demasiado grindeo para desbloquearlo, una práctica que no me atrae demasiado en esta ocasión. Aun así, como experiencia de unas 10 horas, me parece una entrega sólida y recomendable. Jueguen Restory. No se van a arrepentir.
Comentarios
Todavía no hay comentarios.